Casa própria de quem, cara pálida?

Na semana passada, alguns veículos de comunicação estamparam em suas manchetes a informação de que 75% dos domicílios brasileiros são próprios. O dado foi retirado da última Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílios (PNAD), divulgada recentemente pelo IBGE.

Os dados da PNAD mostram que 75% das pessoas entrevistadas responderam que compraram ou herdaram as casas ou apartamentos onde moram. Essa é a única conclusão que podemos tirar. Isto porque o fato de as pessoas dizerem que compraram ou herdaram as casas onde moram não significa que estes imóveis são “propriedade” destes moradores e que eles tenham legalmente assegurada sua posse.

O universo das moradias “próprias” em nosso país inclui um número X, desconhecido das estatísticas brasileiras, de moradores em favelas, loteamentos irregulares ou clandestinos. Além disso, este universo inclui também um sem número de situações de posse, muitas delas, por décadas e gerações, não formalmente tituladas no nome da pessoa, família ou comunidade que ali vivem. Muitas vezes, no conjunto dessas situações, estas pessoas pagaram para morar nestes locais e por isso respondem que a casa é “própria”.

Por incrível que pareça, embora tenhamos institutos de pesquisa e estatísticas consolidadas e confiáveis, simplesmente até hoje não sabemos quantos domicílios estão nestas condições. Em 2008, a pesquisa do Perfil dos Municípios do Brasil, realizada pelo IBGE, perguntou a cada um deles se possuem favelas ou loteamentos irregulares ou clandestinos. De um universo de 5.564 municípios, 33% afirmaram possuir favelas e 53% disseram ter loteamentos irregulares ou clandestinos. O total de municípios com alguma dessas ocorrências ou com ambas foi de 61%.

As favelas, ocupações e loteamentos irregulares aparecem também nos cálculos de “déficit” habitacional — em referência quase sempre à inexistência ou precariedade da infraestrutura nestes locais. Mas a pergunta que não quer calar é: afinal, quantos são os domicílios, que por ter uma condição de posse distinta da propriedade registrada em cartório em nome de seu possuidor, de alguma maneira estão imersos em uma trama de ambiguidades em relação ao pertencimento da casa e da terra onde habitam?

Ao anunciar que no Brasil 75% dos domicílios são “próprios”, o IBGE esconde — e isso não ajuda nada — o imenso conflito que ainda é no nosso país questão da posse da terra.

Texto originalmente publicado em Yahoo!Blogs.

“Realengo, aquele desabafo!”: ótimo documentário sobre política de reassentamento de favelas

“Realengo, aquele desabafo!” é um interessante documentário sobre a política de reassentamento de favelas. O filme mostra o processo de reassentamento de 598 famílias moradoras de assentamentos informais na cidade do Rio de Janeiro.

Parte das famílias saiu de ocupações e favelas em bairros como Copacabana, Madureira e Olaria; outra parte eram vítimas dos desabamentos no morro do Urubu, no bairro de Pilares. Todas elas foram morar a cerca de 25km de seus locais de origem.

Realizado por uma equipe de pesquisadores do Observatório das Metrópoles, o documentário traz entrevistas com moradores dos dois conjuntos habitacionais recém-inaugurados em Realengo que receberam estas 598 famílias.

O vídeo mostra como são feitos os reassentamentos (quando existem, ou seja, quando a solução não é o famigerado “cheque-despejo”). Vale ressaltar que são muitas as situações que estão provocando remoções e, eventualmente, reassentamentos: desde a existência de desabrigados por conta de desastres até os megaprojetos de remodelação de áreas urbanas.

Atualmente, com a preparação do país para a Copa do Mundo e os Jogos Olímpicos, muitas comunidades estão sendo removidas ou estão ameaçadas de remoção sem que haja um plano de reassentamento claro, construído em diálogo com a população que será atingida.

Essa é uma das pautas dos protestos que aconteceram no último sábado no Rio e em São Paulo por ocasião do sorteio das chaves das eliminatórias da Copa.

Segue abaixo o vídeo:

Descobriram a fórmula mágica contra a violência urbana no Rio de Janeiro?

A BBC Mundo publicou no dia 5 de dezembro uma interessante reportagem sobre a violência no Rio de Janeiro e as ações do Estado para contê-la.  Leiam abaixo (em espanhol):

Brasil: ¿descubrieron la fórmula mágica contra la violencia urbana?

Abraham Zamorano

BBC Mundo

Armados pero descalzos, desnudos si no fuera por una bermuda de playa, en plena favela decenas de jóvenes huyen de los disparos de la tropa de élite de la policía de Río de Janeiro. Brasil no habla de otra cosa: la violenta toma de su particular Franja de Gaza.

En la operación en el Complexo do Alemao, la semana pasada murieron 37 presuntos criminales. La entrada del Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE) parece haber logrado expulsar a quienes a punta de terror eran los dueños y señores de ese conglomerado de favelas.

La población aplaude con entusiasmo lo que la prensa también casi unánimemente celebra como gran éxito de la política de pacificación de las autoridades cariocas.

La invasión del cerro del Alemán, motivada por una ola de violencia (100 vehículos incendiados), no es la primera ni será la última que se realizará en el Río de Janeiro del gobernador Sergio Cabral. Desde 2008, 13 favelas han sido tomadas por la policía.

¿En qué consiste la operación? En la expulsión por la fuerza de las bandas criminales que se habían adueñado de las barriadas marginales. Una vez se consigue esto, entran en escena agentes de policía comunitaria: la Unidad de Policía Pacificadora (UPP).

Ahora el gobierno ha confirmado que también lo harán los militares, que ayudaron a la policía en el asalto. Las Fuerzas Armadas se encargarán de labores de “mantenimiento de la paz” en las favelas: así evitarán el regreso de los narcos.

Con tal estrategia, los brasileños parecen haber encontrado una especie de fórmula mágica para hacer avanzar el estado de derecho contra la delincuencia territorial que impera en las barriadas más pobres.

Y, dado que el problema de la violencia urbana no es exclusivo de la ciudad que albergará la final del Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, ¿será ésta estrategia un ejemplo a seguir?

¿Pacifica la pacificación?

La brasileña Raquel Rolnik, relatora especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Vivienda Adecuada, le dijo a BBC Mundo que para acabar con la violencia y la delincuencia no basta la militarización.

“La UPP es absolutamente insuficiente (…). Las cosas van a cambiar solo si la favela deja de ser un territorio puramente militarizado, y se convierte en un lugar donde el ciudadano disfruta plenamente de sus derechos”, apunta Rolnik.

“Hasta hoy, los servicios públicos no entraban en la favela. La recolección de basura tiene que llegar. No hay salud, debe haber una mejora radical de la educación y de la red de asistencia social”.

Las UPP fueron creadas en 2008, después de un viaje del gobernador de Río de Janeiro a Colombia, donde visitó Bogotá y sobre todo Medellín. Cabral volvió inspirado por el modelo que combinaba una fuerte presencia policial con obra de infraestructura y reforma urbana de impacto.

Según le explicó a BBC Mundo Rafael Rincón, antiguo personero de Medellín –algo así como un defensor local del pueblo–, sin las políticas públicas adecuadas, la experiencia en esa ciudad demuestra que “a mediano y largo plazo los actores de la violencia van a regresar y a cohabitar con la fuerza pública”.

El especialista colombiano considera que el elemento territorial es clave: “los delincuentes aprovecharán cualquier fisura para volver”.

Además, la experiencia colombiana muestra que es de esperar dinámicas de corrupción y abusos entre agentes, señala Rincón.

“La fuerza pública pasará de la connivencia a la complicidad hasta ser partícipes de las actividades económicas ilegales”.

De momento, en Río algunos ciudadanos ya han denunciado abusos, aunque no dejan de ser casos aislados en medio de un clima innegablemente positivo ante la presencia de los militares y policías.

Con todo, las UPP son una fuerte apuesta política de las autoridades de Río de Janeiro que cuenta con una enorme popularidad entre la población. “Mientras no haya paz no se podrá reconquistar el estado democrático”, defiende el gobernador del Estado de Río de Janeiro.

Pero…

A pesar de que pocos niegan que la policía comunitaria en Río trae tranquilidad, hay quienes no dejan de apuntar elementos preocupantes.

Por un lado, el precio de esa calma es vivir casi en un estado de excepción permanente: hay que pedir permiso a la policía para cualquier reunión.

Además, como denuncia el diputado Marcelo Freixo, una de las voces más autorizadas en la problemática de la violencia en Río, la UPP no afecta a los grandes capos de la droga, ni a los traficantes de armas. Más bien a los cuadros bajos, esos casi desarrapados que se veían huyendo en los reportes de televisión.

Otra línea de crítica cuestiona si la UPP es una política de seguridad o más bien un proyecto de ciudad que responde a los intereses de los inversores inmobiliarios, la industria hotelera y a la organización del Mundial 2014 y los Juegos 2016.

El mero vistazo al mapa de las UPP muestra que, hasta ahora, cubren casi exclusivamente la zona portuaria, el área del estadio de Maracaná y la rica zona sur (Copacabana e Ipanema).

Y este mapa de ruta, en su estadio inicial, como mínimo parece ignorar a las milicias, una suerte de parapolicías devenidos en organizaciones de tinte mafioso.

Experiencia pasada

A los habitantes de Medellín, en Colombia, estas preocupaciones les pueden resultar familiares. El modelo de las operaciones que se llevaron a cabo en su ciudad en el 2002 y que inspiraron al gobernador de Río generaron interrogantes similares.

Según Rincón, la llegada del Estado, aunque violenta, fue recibida por la población como “una ganancia”.

“La gente lo acepta porque se quita de encima el calvario de los abusos”, comenta el colombiano.

“El precio fue la violación de los derechos humanos y los desplazamientos forzados”.

“No tendría que pagarse con vidas de unos ciudadanos la seguridad de los otros”, reflexionaba el experto en conversación con BBC Mundo.

Entre tanto, en Río de Janeiro, mientras el grupo de favelas que rodea el cerro del Alemán amanecían tomadas por los soldados, en el “Morro dos Macacos” se inauguraba la décima tercera UPP, una fuerza descrita como amigable, activa y participativa con la comunidad de vecinos, cuyos agentes recién salidos de la academia estarán en contacto cercano con los vecinos del barrio.

Fuente: BBC Mundo

Ocupação militar dos morros do Rio de Janeiro – mais desafios do que vitórias!

As cenas cariocas a que estamos assistindo desde a semana passada,  como se fossem imagens de  uma guerra do bem contra o mal nas ruas e favelas do Rio de Janeiro, são bem mais complexas do que as cenas binárias do bandido preso e do território ocupado podem levar a crer.

Leiam abaixo o artigo de Marcelo Freixo, deputado estadual pelo PSOL do RJ, na seção Tendência/Debates da Folha de São Paulo de ontem.

Não haverá vencedores

MARCELO FREIXO

Pode parecer repetitivo, mas é isso: uma solução para a segurança pública do Rio terá de passar pela garantia dos direitos dos cidadãos da favela

Dezenas de jovens pobres, negros, armados de fuzis, marcham em fuga, pelo meio do mato. Não se trata de uma marcha revolucionária, como a cena poderia sugerir em outro tempo e lugar. Eles estão com armas nas mãos e as cabeças vazias. Não defendem ideologia. Não disputam o Estado. Não há sequer expectativa de vida.

Só conhecem a barbárie. A maioria não concluiu o ensino fundamental e sabe que vai morrer ou ser presa. As imagens aéreas na TV, em tempo real, são terríveis: exibem pessoas que tanto podem matar como se tornar cadáveres a qualquer hora. A cena ocorre após a chegada das forças policiais do Estado à Vila Cruzeiro e ao Complexo do Alemão, zona norte do Rio de Janeiro.

O ideal seria uma rendição, mas isso é difícil de acontecer. O risco de um banho de sangue, sim, é real, porque prevalece na segurança pública a lógica da guerra. O Estado cumpre, assim, o seu papel tradicional. Mas, ao final, não costuma haver vencedores.

Esse modelo de enfrentamento não parece eficaz. Prova disso é que, não faz tanto tempo assim, nesta mesma gestão do governo estadual, em 2007, no próprio Complexo do Alemão, a polícia entrou e matou 19. E eis que, agora, a polícia vê a necessidade de entrar na mesma favela de novo.

Tem sido assim no Brasil há tempos. Essa lógica da guerra prevalece no Brasil desde Canudos. E nunca proporcionou segurança de fato. Novas crises virão. E novas mortes. Até quando? Não vai ser um Dia D como esse agora anunciado que vai garantir a paz. Essa analogia à data histórica da 2ª Guerra Mundial não passa de fraude midiática.

Essa crise se explica, em parte, por uma concepção do papel da polícia que envolve o confronto armado com os bandos do varejo das drogas. Isso nunca vai acabar com o tráfico. Este existe em todo lugar, no mundo inteiro. E quem leva drogas e armas às favelas?

É preciso patrulhar a baía de Guanabara, portos, fronteiras, aeroportos clandestinos. O lucrativo negócio das armas e drogas é máfia internacional. Ingenuidade acreditar que confrontos armados nas favelas podem acabar com o crime organizado. Ter a polícia que mais mata e que mais morre no mundo não resolve.

Falta vontade política para valorizar e preparar os policiais para enfrentar o crime onde o crime se organiza -onde há poder e dinheiro. E, na origem da crise, há ainda a desigualdade. É a miséria que se apresenta como pano de fundo no zoom das câmeras de TV.

Mas são os homens armados em fuga e o aparato bélico do Estado os protagonistas do impressionante espetáculo, em narrativa estruturada pelo viés maniqueísta da eterna “guerra” entre o bem e o mal.

Como o “inimigo” mora na favela, são seus moradores que sofrem os efeitos colaterais da “guerra”, enquanto a crise parece não afetar tanto assim a vida na zona sul, onde a ação da polícia se traduziu no aumento do policiamento preventivo. A violência é desigual.

É preciso construir mais do que só a solução tópica de uma crise episódica. Nem nas UPPs se providenciou ainda algo além da ação policial. Falta saúde, creche, escola, assistência social, lazer.

O poder público não recolhe o lixo nas áreas em que a polícia é instrumento de apartheid. Pode parecer repetitivo, mas é isso: uma solução para a segurança pública terá de passar pela garantia dos direitos básicos dos cidadãos da favela.

Da população das favelas, 99% são pessoas honestas que saem todo dia para trabalhar na fábrica, na rua, na nossa casa, para produzir trabalho, arte e vida. E essa gente -com as suas comunidades tornadas em praças de “guerra”- não consegue exercer sequer o direito de dormir em paz.

Quem dera houvesse, como nas favelas, só 1% de criminosos nos parlamentos e no Judiciário…

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*Em tempo: Freixo inspirou o personagem que denuncia as milícias e provoca a CPI no filme Tropa de Elite 2.

O que é periferia? Entrevista para a edição de junho da Revista Continuum /Itaú Cultural

A Revista Continuum/Itaú Cultural apresenta neste mês edição especial sobre periferia. Além de mim (reprodução abaixo), foram entrevistados o jornalista Gilberto Dimenstein, o psicanalista Jorge Broide, o professor e pesquisador Eduardo Marques e a antropóloga Rose Satiko. A edição completa está disponível aqui.

Espaços em transformação

Por Mariana Sgarioni e Rafael Tonon | Ilustração Mariana Leme

Geralmente, a periferia é vista pelas pessoas como um bloco único, um problema único ou uma condição única de existência. Mas a aproximação ao tema faz ver que, apesar de traços comuns, cada periferia tem sua especificidade e, dependendo do enfoque, ela pode ser um conceito relativo. Para Gilberto Dimenstein, por exemplo, um jovem de classe média alta alienado é periférico. Em contraponto, analisa o jornalista, um dos entrevistados nesta seção, um jovem periférico integrado socialmente ultrapassa seus limites geográficos.

Na opinião do psicanalista Jorge Broide, também entrevistado, os problemas enfrentados pela periferia, especialmente a violência, dificultam a circulação da palavra, expressa entre outros aspectos pela arte e pela cultura. Outro convidado a refletir sobre a periferia é o professor e pesquisador Eduardo Marques, que vê com otimismo a quebra da homogeneidade dessas populações, à medida que avançam os serviços públicos e a cidadania. Uma vontade política ampla é o primeiro passo para reverter o estigma de exclusão que paira sobre pessoas que vivem fora do centro das grandes cidades, na visão da antropóloga Rose Satiko.

No entanto, a urbanista Raquel Rolnik, cuja entrevista fecha a seção, observa que, apesar de a cultura da periferia ganhar cada vez mais espaço dentro e fora dela, sua força política foi capturada pelo jogo eleitoral. Conheça essas e outras reflexões dos especialistas convidados a debater esses espaços em transformação.


Para você, o que é periferia?
O conceito de periferia foi forjado de uma leitura da cidade surgida de um desenvolvimento urbano que se deu a partir dos anos 1980. Esse modelo de desenvolvimento privou as faixas de menor renda de condições básicas de urbanidade e de inserção efetiva à cidade. Essa talvez seja sua principal característica, migrada de uma ideia geográfica, dos loteamentos distantes do centro. Mas é preciso lembrar que a periferia é marcada muito mais pela precariedade e pela falta de assistência e de recursos do que pela localização. Hoje há condomínios de alta renda em áreas periféricas que, claro, não podem ser considerados da mesma forma que seu entorno, assim como há periferias em áreas nobres da cidade.

Que tipo de problema social a periferia representa?
O principal problema das periferias hoje está na ambiguidade constitutiva entre a cidade e seus assentamentos populares, principalmente de áreas irregulares e ilegais. Em primeiro lugar, na própria questão do pertencimento desses assentamentos à cidade: eles fazem ou não parte da cidade? A quem ela pertence? Apesar de estar no controle do aparato do Estado, há muitos lugares, como favelas urbanizadas de grandes cidades, em que as prefeituras não entram para fazer coleta de lixo ou manutenções (drenagem, limpeza de bueiros etc.), algo que é comum aos outros bairros. Essa questão é transcendente porque joga luz sobre muitos outros problemas das periferias, como a crescente violência e o controle do tráfico de drogas. Um lugar em que reina a ambiguidade é uma “terra sem dono”, onde teoricamente qualquer pessoa ou grupo pode tomar para si o seu controle. É isso que acontece, por exemplo, com o próprio tráfico.

As iniciativas que tentam integrar a periferia ao restante das grandes cidades geram resultados?
Acho que grande parte das iniciativas hoje são absolutamente fragmentadas e pontuais, uma vez que não conseguem resolver a principal questão que paira sobre a periferia, que é romper o nosso modelo de desenvolvimento econômico. As iniciativas não conseguem parar a máquina de produção da exclusão. O salário do trabalhador formal do Brasil não consegue cobrir o custo de moradia, seja em aluguel, seja na casa própria. E isso não é para uma pequena parcela da população, mas para 60%, 70% dela. Ao mesmo tempo, as políticas e os investimentos valorizam a terra, aumentam cada vez mais o seu valor. Nesse contexto, aos pobres resta morar onde? Por isso temos mais pessoas vivendo em áreas periféricas, sem acesso a recursos, e longe dos centros das cidades.

Qual a força da periferia em termos políticos? E no tocante à arte e à cultura?
Acredito que a força política da periferia foi capturada pelo jogo político e eleitoral. O poder político ainda está ali – afinal, a periferia é muito representativa na medida em que faz parte de uma enorme parcela da população do país, eleitoralmente muito forte –, mas perdeu a força transformadora que tinha. Se está muito mais esvaziada em termos políticos, no entanto, também vejo a periferia muito mais forte na questão das manifestações culturais e artísticas. Muitos de seus movimentos artísticos ganharam uma expressão mais ampla do que seus próprios bairros. Eles quebraram as barreiras geográficas e se difundiram no restante da cidade, em outras cidades, em outros países. Por isso, acho que a força da periferia, hoje, está muito mais nas questões culturais do que políticas.

Como transformar o estigma de exclusão que paira sobre os moradores da periferia?
Não se trata só de um estigma de exclusão, mas de uma exclusão que é real, e não imaginária. Acho difícil romper essa imagem quando os meios de comunicação, por exemplo, mostram apenas o lado negativo das periferias, salvo raríssimas exceções. O estigma se dá quando ela é representada e mostrada pelo olhar de alguém que não vem de lá, que não vive lá, enfim, de um olhar totalmente estrangeiro sobre aquela realidade. Para minimizar essa imagem, é imprescindível dar voz também a outras questões, mostrar outras verdades. Para isso, é necessário oferecer oportunidades para que a periferia possa se mostrar da forma como gostaria.

Tratados sobre mudanças climáticas devem incluir proteção à moradia dos mais pobres

Press-release divulgado nesta sexta, 23.

“O debate internacional sobre mudanças climática tem se baseado, até o momento, na precificação de bens e danos, promovendo o comércio de créditos de carbono, a produção de bens carbon-free e inovações tecnológicas. Falta trazer para o centro deste debate propostas concretas que protejam os mais afetados pelos desastres relacionados às mudanças climáticas: os mais pobres, que vivem em assentamentos precários”, afirmou a relatora especial da ONU para o direito à moradia adequada, Raquel Rolnik, em declaração divulgada nesta sexta-feira, 23, em Nova York.

Rolnik explica que nas cidades há uma “coincidência perversa” entre a localização de assentamentos irregulares e as áreas mais expostas aos desastres ambientais agravados pelas mudanças climáticas. Tais assentamentos ficam, em geral, em áreas de encostas ou várzeas inundáveis – espaços não aproveitados pelo mercado que acabaram destinados aos mais pobres. “Essa população não têm recursos para contratar seguros nem para se mudar para outros lugares”, diz Rolnik.

Para a relatora, os países menos desenvolvidos e os Estados em pequenas ilhas estão especialmente vulneráveis. E, mesmo nos países ricos e em desenvolvimento, quem sofrerá as piores consequências são as pessoas carentes de recursos.

“Os países devem investir prioritariamente nos assentamentos irregulares, para consolidar e urbanizar essas áreas e torná-las mais resistentes aos desastres relacionados às mudanças climáticas. Essa população tem o direito de ser protegida pelo poder público, sem que isso signifique a destruição de sua forma de vida e organização social”, afirma Rolnik.

Quando a urbanização não for possível e a remoção se mostrar indispensável, a relatora reitera que os países devem observar diretrizes mínimas, como tratar as pessoas com dignidade, resguardar o direito de defesa, oferecer alternativas definitivas de moradia e permitir a participação nas decisões.

Rolnik lembra que os efeitos das mudanças climáticas são distribuídos desproporcionalmente, já que as nações e as pessoas mais pobres, que contribuem menos para a emissão de gás carbônico, são os mais afetados pelos impactos do aquecimento global. “As normas internacionais de direitos humanos afirmam a necessidade de cooperação internacional para evitar que encargos desiguais recaiam sob os que estão menos preparados para suportá-los”, destaca a relatora.