Descobriram a fórmula mágica contra a violência urbana no Rio de Janeiro?

A BBC Mundo publicou no dia 5 de dezembro uma interessante reportagem sobre a violência no Rio de Janeiro e as ações do Estado para contê-la.  Leiam abaixo (em espanhol):

Brasil: ¿descubrieron la fórmula mágica contra la violencia urbana?

Abraham Zamorano

BBC Mundo

Armados pero descalzos, desnudos si no fuera por una bermuda de playa, en plena favela decenas de jóvenes huyen de los disparos de la tropa de élite de la policía de Río de Janeiro. Brasil no habla de otra cosa: la violenta toma de su particular Franja de Gaza.

En la operación en el Complexo do Alemao, la semana pasada murieron 37 presuntos criminales. La entrada del Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE) parece haber logrado expulsar a quienes a punta de terror eran los dueños y señores de ese conglomerado de favelas.

La población aplaude con entusiasmo lo que la prensa también casi unánimemente celebra como gran éxito de la política de pacificación de las autoridades cariocas.

La invasión del cerro del Alemán, motivada por una ola de violencia (100 vehículos incendiados), no es la primera ni será la última que se realizará en el Río de Janeiro del gobernador Sergio Cabral. Desde 2008, 13 favelas han sido tomadas por la policía.

¿En qué consiste la operación? En la expulsión por la fuerza de las bandas criminales que se habían adueñado de las barriadas marginales. Una vez se consigue esto, entran en escena agentes de policía comunitaria: la Unidad de Policía Pacificadora (UPP).

Ahora el gobierno ha confirmado que también lo harán los militares, que ayudaron a la policía en el asalto. Las Fuerzas Armadas se encargarán de labores de “mantenimiento de la paz” en las favelas: así evitarán el regreso de los narcos.

Con tal estrategia, los brasileños parecen haber encontrado una especie de fórmula mágica para hacer avanzar el estado de derecho contra la delincuencia territorial que impera en las barriadas más pobres.

Y, dado que el problema de la violencia urbana no es exclusivo de la ciudad que albergará la final del Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, ¿será ésta estrategia un ejemplo a seguir?

¿Pacifica la pacificación?

La brasileña Raquel Rolnik, relatora especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Vivienda Adecuada, le dijo a BBC Mundo que para acabar con la violencia y la delincuencia no basta la militarización.

“La UPP es absolutamente insuficiente (…). Las cosas van a cambiar solo si la favela deja de ser un territorio puramente militarizado, y se convierte en un lugar donde el ciudadano disfruta plenamente de sus derechos”, apunta Rolnik.

“Hasta hoy, los servicios públicos no entraban en la favela. La recolección de basura tiene que llegar. No hay salud, debe haber una mejora radical de la educación y de la red de asistencia social”.

Las UPP fueron creadas en 2008, después de un viaje del gobernador de Río de Janeiro a Colombia, donde visitó Bogotá y sobre todo Medellín. Cabral volvió inspirado por el modelo que combinaba una fuerte presencia policial con obra de infraestructura y reforma urbana de impacto.

Según le explicó a BBC Mundo Rafael Rincón, antiguo personero de Medellín –algo así como un defensor local del pueblo–, sin las políticas públicas adecuadas, la experiencia en esa ciudad demuestra que “a mediano y largo plazo los actores de la violencia van a regresar y a cohabitar con la fuerza pública”.

El especialista colombiano considera que el elemento territorial es clave: “los delincuentes aprovecharán cualquier fisura para volver”.

Además, la experiencia colombiana muestra que es de esperar dinámicas de corrupción y abusos entre agentes, señala Rincón.

“La fuerza pública pasará de la connivencia a la complicidad hasta ser partícipes de las actividades económicas ilegales”.

De momento, en Río algunos ciudadanos ya han denunciado abusos, aunque no dejan de ser casos aislados en medio de un clima innegablemente positivo ante la presencia de los militares y policías.

Con todo, las UPP son una fuerte apuesta política de las autoridades de Río de Janeiro que cuenta con una enorme popularidad entre la población. “Mientras no haya paz no se podrá reconquistar el estado democrático”, defiende el gobernador del Estado de Río de Janeiro.

Pero…

A pesar de que pocos niegan que la policía comunitaria en Río trae tranquilidad, hay quienes no dejan de apuntar elementos preocupantes.

Por un lado, el precio de esa calma es vivir casi en un estado de excepción permanente: hay que pedir permiso a la policía para cualquier reunión.

Además, como denuncia el diputado Marcelo Freixo, una de las voces más autorizadas en la problemática de la violencia en Río, la UPP no afecta a los grandes capos de la droga, ni a los traficantes de armas. Más bien a los cuadros bajos, esos casi desarrapados que se veían huyendo en los reportes de televisión.

Otra línea de crítica cuestiona si la UPP es una política de seguridad o más bien un proyecto de ciudad que responde a los intereses de los inversores inmobiliarios, la industria hotelera y a la organización del Mundial 2014 y los Juegos 2016.

El mero vistazo al mapa de las UPP muestra que, hasta ahora, cubren casi exclusivamente la zona portuaria, el área del estadio de Maracaná y la rica zona sur (Copacabana e Ipanema).

Y este mapa de ruta, en su estadio inicial, como mínimo parece ignorar a las milicias, una suerte de parapolicías devenidos en organizaciones de tinte mafioso.

Experiencia pasada

A los habitantes de Medellín, en Colombia, estas preocupaciones les pueden resultar familiares. El modelo de las operaciones que se llevaron a cabo en su ciudad en el 2002 y que inspiraron al gobernador de Río generaron interrogantes similares.

Según Rincón, la llegada del Estado, aunque violenta, fue recibida por la población como “una ganancia”.

“La gente lo acepta porque se quita de encima el calvario de los abusos”, comenta el colombiano.

“El precio fue la violación de los derechos humanos y los desplazamientos forzados”.

“No tendría que pagarse con vidas de unos ciudadanos la seguridad de los otros”, reflexionaba el experto en conversación con BBC Mundo.

Entre tanto, en Río de Janeiro, mientras el grupo de favelas que rodea el cerro del Alemán amanecían tomadas por los soldados, en el “Morro dos Macacos” se inauguraba la décima tercera UPP, una fuerza descrita como amigable, activa y participativa con la comunidad de vecinos, cuyos agentes recién salidos de la academia estarán en contacto cercano con los vecinos del barrio.

Fuente: BBC Mundo

Será que a ação do Estado no Rio abrirá espaço para transformações mais profundas nas favelas?

A recente operação das forças de segurança no Rio acabou unindo instituições para tentar livrar a área do Complexo do Alemão do crime organizado. Será que isso abre espaço para o Estado chegar lá de outras maneiras, transformando um espaço tão degradado em um lugar com mais ordem urbanística?

Primeiro é muito importante entender que é absolutamente fundamental livrar as favelas e todos os assentamentos da cidade do controle do tráfico de drogas e das milícias. A ocupação a que estamos assistindo no Complexo do Alemão pretende tirar o comando e o controle desse território por parte do tráfico, mas precisa ser estendida para as áreas que ainda estão sob controle das milícias, que são muitas.

Mas é importante também entender que não foi porque o tráfico controlava a área que o Estado deixou de entrar lá antes. O Estado não entrou lá antes porque, historicamente, a atitude do poder público com relação a esses e outros assentamentos precários e informais, tanto no Rio como em outros lugares do Brasil, sempre foi muito ambígua. E o que significa essa ambiguidade?

Significa que, de um lado, o Estado tolerou e, muitas vezes, até incentivou a ocupação desses locais, sem afirmar que isso era permitido e sem esclarecer as regras de organização desses lugares e, ao mesmo tempo, sem oferecer nenhuma alternativa de moradia à população.

Essa situação ambígua permite até hoje, por exemplo, que o Estado decida remover comunidades ou introduzir elementos de urbanização de acordo com a conveniência do momento, sem, no entanto, jamais, eliminar essa fronteira.

E quem criou essa fronteira não foi o tráfico. A partir de certo momento, no caso dessa comunidade específica, o Alemão, o tráfico passou a controlar uma área onde essa fronteira já estava criada. Portanto, a história a que estamos assistindo não termina aqui, ela está apenas começando.

E a grande dúvida é se, a partir dessa ação, que é muito simbólica – pois é importante que o Estado afirme que não vai tolerar a existência de territórios controlados pelo tráfico – o Estado será capaz de entrar ali com serviços públicos, com a extensão da cidade, eliminando a ambigüidade e, principalmente, construindo uma regra da ordem. Mas como será se forem utilizadas ali as mesmas regras que servem para a cidade como um todo? Pois tudo aquilo continua ainda irregular e ilegal e, portanto, ambíguo.

O grande esforço agora, portanto, é tentar construir uma ordem, mas respeitando o que já está ali, porque não é apenas o tráfico de drogas que faz parte do tecido sociocultural da favela, tem muita gente, muita história, uma rede social construída durante décadas, que vai ser mobilizada. E a forma de organização da comunidade deve ser mobilizada para definir quais são as regras que devem ser estabelecidas ali e como que essas regras vão ser implementadas. E isso se refere a todo um conjunto de serviços. E é isso que ainda não estamos vendo acontecer no Rio.

É verdade, sim, que estamos vendo ações que vão além da ocupação militar. O Rio de Janeiro está, de fato, investindo em urbanização, através do PAC das Favelas e do programa Morar Carioca, construindo equipamentos e buscando melhorar a qualidade do acesso às comunidades. E isso de forma mais intensa e concentrada do que já se fez antes. Mas qual é o movimento para eliminar a diferença entre a cidade e o assentamento, para instituir ali uma legalidade e uma ordem? E como isso vai incluir ou excluir os moradores que ali estão? Essa ainda é uma grande questão.

Vale ressaltar que todos os governos, sem exceção, trataram essa questão de forma ambígua, inclusive os que investiram em urbanização. Porque se trata de manter uma relação permanente com o local e de dizer se ele está ou não incluído na cidade. E agora mesmo estamos assistindo a essa ambigüidade na cidade do Rio de Janeiro.  Ao mesmo tempo em que o governo do Rio, alinhado com os governos federal e municipal, está anunciando uma urbanização e o desejo de uma integração definitiva desses bairros na cidade, está também ameaçando de remoção muitas comunidades e muitos assentamentos.

O fato é que hoje existe um milhão de moradores em assentamentos considerados precários no Rio de Janeiro. Mais da metade deles, inclusive, não está na zona sul, que é o palco preferencial de operações das UPP’s (unidades de polícia pacificadora). Mais de quinhentos mil desse um milhão estão na zona oeste, que ainda sofre com tiroteios, balas perdidas, assassinatos e ameaças de remoção.

Chamo a atenção, pore exemplo, ao fato de que está acontecendo de novo uma expansão na zona oeste do Rio de Janeiro que não está sendo discutida nesse momento e que não é palco das operações, ou seja, não está no centro da agenda. Parte dessa expansão está se dando de forma bastante precária. E um dos grandes desafios que estão colocados para a política habitacional do Rio de Janeiro e do Brasil hoje é evitar a formação de novos assentamentos informais e precários.

Uma política habitacional e urbanística mais integral para o Rio precisa, portanto, consolidar, sim, os assentamentos que já existem, acabando com a ambiguidade, fazendo com que eles realmente façam parte da cidade, e, ao mesmo tempo, protegendo esses territórios pra que as pessoas que moram lá possam continuar morando e não sejam expulsas por um processo de valorização imobilizaria, sem alternativa de moradia e, portanto, prontas a produzir novas favelas.

Claro que um processo de urbanização e integração acaba precisando remover algumas famílias, mas dependendo da forma como é feito, é possível respeitar o direito dessas pessoas de permanecerem no local.

Ocupação militar dos morros do Rio de Janeiro – mais desafios do que vitórias!

As cenas cariocas a que estamos assistindo desde a semana passada,  como se fossem imagens de  uma guerra do bem contra o mal nas ruas e favelas do Rio de Janeiro, são bem mais complexas do que as cenas binárias do bandido preso e do território ocupado podem levar a crer.

Leiam abaixo o artigo de Marcelo Freixo, deputado estadual pelo PSOL do RJ, na seção Tendência/Debates da Folha de São Paulo de ontem.

Não haverá vencedores

MARCELO FREIXO

Pode parecer repetitivo, mas é isso: uma solução para a segurança pública do Rio terá de passar pela garantia dos direitos dos cidadãos da favela

Dezenas de jovens pobres, negros, armados de fuzis, marcham em fuga, pelo meio do mato. Não se trata de uma marcha revolucionária, como a cena poderia sugerir em outro tempo e lugar. Eles estão com armas nas mãos e as cabeças vazias. Não defendem ideologia. Não disputam o Estado. Não há sequer expectativa de vida.

Só conhecem a barbárie. A maioria não concluiu o ensino fundamental e sabe que vai morrer ou ser presa. As imagens aéreas na TV, em tempo real, são terríveis: exibem pessoas que tanto podem matar como se tornar cadáveres a qualquer hora. A cena ocorre após a chegada das forças policiais do Estado à Vila Cruzeiro e ao Complexo do Alemão, zona norte do Rio de Janeiro.

O ideal seria uma rendição, mas isso é difícil de acontecer. O risco de um banho de sangue, sim, é real, porque prevalece na segurança pública a lógica da guerra. O Estado cumpre, assim, o seu papel tradicional. Mas, ao final, não costuma haver vencedores.

Esse modelo de enfrentamento não parece eficaz. Prova disso é que, não faz tanto tempo assim, nesta mesma gestão do governo estadual, em 2007, no próprio Complexo do Alemão, a polícia entrou e matou 19. E eis que, agora, a polícia vê a necessidade de entrar na mesma favela de novo.

Tem sido assim no Brasil há tempos. Essa lógica da guerra prevalece no Brasil desde Canudos. E nunca proporcionou segurança de fato. Novas crises virão. E novas mortes. Até quando? Não vai ser um Dia D como esse agora anunciado que vai garantir a paz. Essa analogia à data histórica da 2ª Guerra Mundial não passa de fraude midiática.

Essa crise se explica, em parte, por uma concepção do papel da polícia que envolve o confronto armado com os bandos do varejo das drogas. Isso nunca vai acabar com o tráfico. Este existe em todo lugar, no mundo inteiro. E quem leva drogas e armas às favelas?

É preciso patrulhar a baía de Guanabara, portos, fronteiras, aeroportos clandestinos. O lucrativo negócio das armas e drogas é máfia internacional. Ingenuidade acreditar que confrontos armados nas favelas podem acabar com o crime organizado. Ter a polícia que mais mata e que mais morre no mundo não resolve.

Falta vontade política para valorizar e preparar os policiais para enfrentar o crime onde o crime se organiza -onde há poder e dinheiro. E, na origem da crise, há ainda a desigualdade. É a miséria que se apresenta como pano de fundo no zoom das câmeras de TV.

Mas são os homens armados em fuga e o aparato bélico do Estado os protagonistas do impressionante espetáculo, em narrativa estruturada pelo viés maniqueísta da eterna “guerra” entre o bem e o mal.

Como o “inimigo” mora na favela, são seus moradores que sofrem os efeitos colaterais da “guerra”, enquanto a crise parece não afetar tanto assim a vida na zona sul, onde a ação da polícia se traduziu no aumento do policiamento preventivo. A violência é desigual.

É preciso construir mais do que só a solução tópica de uma crise episódica. Nem nas UPPs se providenciou ainda algo além da ação policial. Falta saúde, creche, escola, assistência social, lazer.

O poder público não recolhe o lixo nas áreas em que a polícia é instrumento de apartheid. Pode parecer repetitivo, mas é isso: uma solução para a segurança pública terá de passar pela garantia dos direitos básicos dos cidadãos da favela.

Da população das favelas, 99% são pessoas honestas que saem todo dia para trabalhar na fábrica, na rua, na nossa casa, para produzir trabalho, arte e vida. E essa gente -com as suas comunidades tornadas em praças de “guerra”- não consegue exercer sequer o direito de dormir em paz.

Quem dera houvesse, como nas favelas, só 1% de criminosos nos parlamentos e no Judiciário…

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*Em tempo: Freixo inspirou o personagem que denuncia as milícias e provoca a CPI no filme Tropa de Elite 2.